jueves, 18 de junio de 2020

Dos poemas de "Antepenúltimos", de Ida Vitale


RECURSOS

EL sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas aire contenido.

Leer y releer una frase, una palabra, un rostro. Los rostros, sobre todo. Repasar, pesar bien lo que callan.

Como no estás a salvo de nada, intenta ser tú mismo la salvación de algo. Caminar despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo.



VEGETAR

¿SERÁ tan malo vegetar? ¿Habrá que echar raíces, con la permanencia que eso implica? Quizás baste un poco de arena, pero entonces será un cacto lo que venga a nuevo estado. Sin duda será mejor buscar para la experiencia un poco de buena tierra negra, porque tampoco cualquier tierra se presta para la aventura que comienza. ¿Serán suficientes unos brotes? Pero por más que uno se ponga voluntarista, aquéllos no van a aparecer por ningún lado si no logra una mínima raíz. Y para esto se necesita quietud. ¿Hundimiento y quietud?


IDA VITALE (Montevideo, 1923), Antepenúltimos. Poesía Reunida, Tusquets, Barcelona, 2019, págs. 9-20.

sábado, 13 de junio de 2020

Belli sobre la crítica masculina


No tuve ninguna dificultad para publicar, ni para ser editada. Quizás se debiera a la temática de mi poesía y de mi primera novela, pero lo cierto es que ser mujer más bien me pareció entonces una ventaja. Las dificultades que he percibido tienen que ver con la valoración crítica descalificadora con que se tiende a considerar el trabajo de un coro de mujeres latinoamericanas cuyas novelas han tenido, paradójicamente, mucho éxito editorial. Hablo de Marcela Serrano, Ángeles Mastretta, Laura Esquivel o Isabel Allende, por ejemplo. Este boom de mujeres escritoras ha sido menospreciado a nivel de la crítica masculina. Se nos ha acusado de hacer literatura de best-seller o literatura light. El concepto light fue usado, pienso, para restarle seriedad a la temática femenina abordada desde la cocina o desde el amor. Ese mote jamás se había aplicado a la literatura light escrita en abundancia por varones en la misma época. Esa actitud descalificadora es la misma que quiere insertarnos a las escritoras dentro del estanco de «literatura femenina» a partir del sexo de nuestras protagonistas o porque la obra trate algún aspecto de la condición femenina. Para las mujeres, el éxito pareciera ser la lápida bajo la cual yace la seriedad con que se trata la obra. He dicho esto a menudo para visibilizar este problema. Pienso que la crítica debe ser menos prejuiciada y más justa.


GIOCONDA BELLI, «El goce de nuestro cuerpo nos ha costado mucho más a las mujeres», entrevista de Carmen de Eusebio, Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 775, Enero de 2015, págs. 100 y 101.

Los hermanos Grimm se casan con las mujeres que les contaron los cuentos "Hansel y Gretel" y "Blancanieves y los siete enanitos"


A la estancia de los hermanos Grimm en la ciudad de Kassel se le atribuye su recopilación de cuentos de hadas alemanes de tradición oral. La estancia en Kassel no sólo les reportó un buen bagaje de tradición literaria, sino también el matrimonio que pareció cosa de cuento de hadas, porque Wilhelm Grimm se casó con la muchacha que le contó Hansel y Gretel y Jacob con la relatora de Blancanieves y los siete enanitos


MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN, Pasionaria y los siete enanitos, Planeta, Barcelona, 1995, pág. 15.

Léautaud sobre Colette


En cuanto a Colette... Siempre me dio la impresión de ser una mujer que no ha conservado sino grandes heridas de sus relaciones. También me dio siempre la impresión de ser extremadamente sensual, un poco perra, incluso, una mujer que lleva exageradamente en la piel... Lleva el amor físico en el rostro. Extremadamente grosera, incluso vulgar...


PAUL LÉAUTAUD, anotación del jueves 24 de octubre de 1935, Diario literario, Ediciones de escritura creativa Fuentetaja, Madrid, 2016, traducción de Cecilia Yepes, pág. 580.

T. S. Eliot consideraba a Djuna Barnes como "el genio más grande de nuestros días"


De no ser por la semblaza de su traductora italiana, Ana María Becciú, poco sabríamos de lo ocurrido durante su largo retiro en una habitación del village neoyorquino donde, enferma, célebre y olvidada, casi ciega y sin embargo hermosa, logró un absoluto desapego de los demás y de sí misma que conservó hasta su muerte, en 1982, a los 90 años. Odió “la boca común y el veredicto de lo vulgar”; le aburrió la estupidez y descreyó de las buenas conciencias. En el ensayo Djuna Barnes o el horror de lo sagrado, Cristina Campo relató sus encuentros con poetas tan destacados como William Carlos Williams y T. S. Eliot, quien, al prologar El bosque de la noche, “una novela tan buena que solo las sensibilidades educadas en poesía pueden apreciar por entero”, en 1936 la consideró “el genio más grande de nuestros días”.


MARTHA ROBLES, Mujeres, mitos y diosas, Fondo de Cultura Económica, México D. F., 1996.

viernes, 12 de junio de 2020

Foster Wallace sobre Rand


Yo no empecé a escribir narrativa hasta los veintiuno, y al principio todos hemos de escribir nuestras necesarias cantidades de porquería, y mi porquería consistía básicamente en ensayos disfrazados. Eran tan malos como los de Ayn Rand o así.


DAVID FOSTER WALLACE, Conversaciones con David Foster Wallace, edición de Stephen J. Burn, Editorial Pálido Fuego, 2016, Málaga, traducción de José Luis Amores, págs. 39 y 40.

Cinco poemas de "Mujer de barro", de Ángela Figuera Aymerich


MUJER DE BARRO

Mujer de barro soy, mujer de barro:
pero el amor me floreció en el regazo.



MUJER

Cuán vanamente, cuán ligeramente
me llamaban poetas, flor, perfume!...

Flor, no: florezco. Exhalo sin mudarme.
Me entregan la simiente: doy el fruto.
El agua corre en mí: no soy el agua.
Árboles de la orilla, dulcemente
los acojo y reflejo: no soy árbol.
Ave que vuela, no: seguro nido.

Cauce propicio, cálido camino
para el fluir eterno de la especie.



DARSE

Tú dirás triunfante, con salvaje grito:
"'Eres mía, mía!..."
Yo diré, bajito,
muy bajo: "¡Soy tuya!"

Tu amor es de presa, de ofrenda es mi amor:
El Señor me ha dado la parte mejor.



SIN LLAVE

Me tienes y soy tuya. Tan cerca uno del otro
como la carne de los huesos.
Tan cerca uno del otro
y, a menudo, ¡tan lejos!...

Tú me dices a veces que me encuentras cerrada,
como de piedra dura, como envuelta en secretos,
impasible, remota... Y tú quisieras tuya
la llave del misterio...

Si no la tiene nadie... No hay llave. Ni yo misma,
¡ni yo misma la tengo!



IMPOTENCIA

¿Dónde estarán las palabras
que digan lo que yo quiero?...

El verso que dejo escrito
nunca es del todo mi verso.


ÁNGELA FIGUERA AYMERICH (Bilbao, 1902 - Madrid, 1984), Mujer de barro. Obras completas, Hiperión, Madrid, 1999, págs. 29-70.

Ana María Matute vuelve a escribir después de dieciocho años gracias a su agente Carmen Balcells


XAVI AYÉN: No tenía usted detrás entonces a una agente como Carmen Balcells.
ANA MARÍA MATUTE: Ella fue decisiva en que volviera a escribir. Sin ella, no habría existido Olvidado rey Gudú, que es el libro que yo escogería de entre todos los míos. Llevaba dieciocho años sin escribir, ¿se da cuenta? A causa de una depresión muy mala. Balcells me preguntó: "¿No tienes nada?". "No, sólo me quedó a medio terminar un libro". "Tráemelo". Cuando lo leyó, me dijo que había que acabarlo y me secuestró: me llevó a vivir a su casa hasta que lo acabara, me puso una suite estupenda, con dormitorio y cuarto de trabajo con mi máquina eléctrica, y una secretaria abajo que lo pasaba a ordenador. Lo terminé en meses. Al acabar, tomamos champán y me coronó con la corona del roscón de Reyes. Desde entonces me representa y todo cambió a mejor.


ANA MARÍA MATUTE, entrevistada por Xavi Ayén en Barcelona en enero de 2001 y febrero de 2014, recogido en La vuelta al mundo en 80 autores, La Vanguardia Ediciones, Barcelona, 2016, pág. 71.

Yourcenar sobre Duras


Solo hay una cosa que no le perdono a Marguerite Duras: el título de Hiroshima mon amour. Fui a Hiroshima y aquello fue aterrador. Es como si, después de haber estado en Auschwitz, titulas un libro Auschwitz, cariño mío.


MARGUERITE YOURCENAR, entrevista de Michèle Stouvenot publicada en el Journal du Dimanche el 2 de diciembre de 1984, recogido por Laurence Rosier en De l'insulte aux femmes, 180º Editions, 2017.

Fragmento de "Las literatas. Carta a Eduarda", de Rosalía de Castro


Amiga mía, tú no sabes lo que es ser escritora. Serlo como Jorge Sand vale algo; pero de otro modo, ¡qué continuo tormento!; por la calle te señalan constantemente, y no para bien, y en todas partes murmuran de ti. Si vas a la tertulia y hablas de algo de lo que sabes, si te expresas siquiera en un lenguaje algo correcto, te llaman bachillera, dicen que te escuchas a ti misma, que lo quieres saber todo. Si guardas una prudente reserva, ¡qué fatua!, ¡qué orgullosa!; te desdeñas de hablar como no sea con literatos. Si te haces modesta y por no entrar en vanas disputas dejas pasar desapercibidas las cuestiones con que te provocan, ¿en dónde está tu talento?; ni siquiera sabes entretener a la gente con una amena conversación. Si te agrada la sociedad, pretendes lucirte, quieres que se hable de ti, no hay función sin tarasca. Si vives apartada del trato de gentes, es que te haces la interesante, estás loca, tu carácter es atrabiliario e insoportable; pasas el día en deliquios poéticos y la noche contemplando las estrellas, como don Quijote. Las mujeres ponen en relieve hasta el más escondido de tus defectos y los hombres no cesan de decirte siempre que pueden que una mujer de talento es una verdadera calamidad, que vale más casarse con la burra de Balaam, y que sólo una tonta puede hacer la felicidad de un mortal varón. Sobre todo los que escriben y se tienen por graciosos, no dejan pasar nunca la ocasión de decirte que las mujeres deben dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos, si lo tienen, y si no, aunque sean los del criado.


ROSALÍA DE CASTRO, Las literatas. Carta a Eduarda, artículo publicado por primera vez en el Almanaque de Galicia de Lugo (1865). Todo el artículo AQUÍ.

jueves, 11 de junio de 2020

Kúdrova sobre Tsvetayeva


Marina Tsvietáieva es el astro más brillante en el firmamento de la poesía rusa del siglo XX. No nos referimos sólo a su talla literaria; tanto su obra como ella misma se pueden considerar como un milagro. Dotada de una personalidad capaz de encarnar en la palabra la rara riqueza de su alma, con una inteligencia ajena al miedo, un carácter independiente y firme, su talento y su ser se han fundido en una sólida amalgama. Y, tal vez para ella, de cada uno de sus versos brota una corriente contagiosa de la más pura y alta tensión.


IRMA KÚDROVA, prólogo a Un espíritu prisionero, recogido por Sergio Pitol en El viaje, segundo volumen de su Trilogía de la memoria, Anagrama, Barcelona, 2019, pág. 402.

Virginia Woolf solía decir a su marido que Eduardo VII la espiaba o que los pájaros cantaban en griego


No tuvo ninguna oportunidad que se les regalaba a los vástagos varones. Como a todas las mujeres de entonces le fue prohibida la universidad; Virginia Woolf estudió griego y latín por su cuenta en casa; se bebió toda la biblioteca familiar; se casó con Leonard Woolf, uno del grupo, también escritor; en su luna de miel por España tomó leche de cabra y atravesó la miseria del sur en trenes lentos y sucios o anduvo a lomos de una mula por un paisaje abrupto de la serranía de Málaga en busca de su viejo amigo Gerald Brenan. En el equipaje traía también sus depresiones. El marido aceptaba con toda normalidad que ella le dijera que Eduardo VII la espiaba entre las azaleas o que los pájaros cantaban en griego. Nunca se ha dado el caso de un hombre tan paciente y enamorado de una neurótica cuyo talento literario iba por delante de su locura. Leonard la llevaba al campo o al manicomio siguiendo las mareas de su cerebro; llegó a fundar una imprenta elitista, la Hogarth Press, para imprimir y encuadernar a mano sus propios libros junto con los de T. S. Eliot, Freud y Katherine Mansfield. Y en las fotografías aparece a su lado resignado, sonriente y admirado.

En aquel tiempo de moral victoriana ponerse pantalones de hombre, ser sufragista, fumar en público cigarrillos egipcios, dar charlas en un círculo obrero siendo una señorita de alta sociedad y enamorarse de su amiga la poeta Vita Sackville West, esposa de un lord, y vivir con ella una relación lésbica no fue para Virginia Woolf un juego estético como el que ejercían sus amigos sino una forma de romper el dogal de hierro que la ahogaba, una actitud radical que la convertiría en una bandera del feminismo.

Rodeada de enfermeras y doncellas, de maletas para viajes y regresos, de fiestas e invitados, Virginia Woolf comenzó a labrar una literatura desestructurada en la que el tiempo se convertía en un fluido de la conciencia. En este sentido se adelantó a James Joyce a la hora de especular con el monólogo interior, una forma de regurgitar el pensamiento como los rumiantes. Virginia Woolf fue la primera en oír voces superpuestas, las mismas que vulneraban su mente hasta llevarla a la claridad del sol entre la niebla. Al final fue consecuente y se permitió el lujo de suicidarse. Esta vez no podía fallar. Sucedió el 29 de marzo de 1941, en Susex. Llenó de piedras los bolsillos del abrigo y se adentró en el río Ouse hasta quedar sumergida. Unos niños encontraron su cadáver 15 días después.


MANUEL VICENT, Póquer de ases, Alfaguara, Madrid, 2009, págs. 138-140.

Bolaño sobre Allende, Mastretta, Serrano y Silvina Ocampo


PREGUNTA: ¿No cree que si se hubiera emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mastretta otro sería su parecer acerca de sus libros?
ROBERTO BOLAÑO: No lo creo. Primero, porque esas señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque yo ya no bebo. Tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la mediocridad o el silencio.

PREGUNTA: ¿Cuál es la diferencia entre una escribidora y una escritora?
ROBERTO BOLAÑO: Una escritora es Silvina Ocampo. Una escribidora es Marcela Serrano. Los años luz que median entre una y otra.


ROBERTO BOLAÑO, fragmento de Estrella distante: la última entrevista a Roberto Bolaño, Mónica Maristain, julio de 2003, publicada originalmente en Play Boy México y Página/12 de Argentina. Toda la entrevista AQUÍ.

Elizabeth Barrett exige a su admirador Robert Browning que la trate en sus cartas como una persona sin género o un hermano asexuado


Por lo que él mismo le confesó más tarde a Elizabeth, estaba convencido de que la quería aun antes de conocerla. Quizá fuese esa convicción lo que le llevó a ser tan insistente ante una mujer que, en principio, reaccionó con simpatía pero con cierta distancia a las cartas entusiastas de Robert. Acostumbrada a recibir mensajes de admiradores masculinos que jugaban con las reglas habituales de la galantería, le contestó estableciendo unas normas muy firmes para su posible relación epistolar: no quería que él emplease ninguno de «los convencionalismos habituales entre damas y caballeros». Exigía ser tratada como un compañero sin género, un hermano asexuado en aquella búsqueda infatigable del arte por excelencia.

Durante semanas, las frecuentes cartas estuvieron llenas de reflexiones y análisis literarios, que no escondían sin embargo las pasiones y debilidades de aquellas dos almas tan cercanas. Poco a poco, Elizabeth aprendió a confiar en Robert, y comenzó a hacerle confesiones más íntimas. Pero se resistió a que él la visitase. Estaba su timidez, desde luego. Y el miedo a perturbar al padre-ogro con la amistad de un joven soltero y atractivo. Pero también, quizá, el temor a decepcionarle: ya no era una mujer joven, y la enfermedad y los largos años de reclusión seguramente habían deteriorado su aspecto. Por mucho que viviera al margen de la vanidad, debió de costarle un gran esfuerzo enfrentarse a la mirada de un hombre admirado y admirador.


ÁNGELES CASO, Quiero escribirte esta noche una carta de amor: la correspondencia pasional de quince grandes escritoras y sus historias, Lumen, Barcelona, 2019.

Una reflexión de Zora Neale Hurston


No sé si cuando eras pequeña ibas a menudo al río Matanza para pescar peces sapos, pero seguramente sabrás que si estos peces son engullidos por otro más grande, le devoran las paredes del estómago hasta conseguir liberarse. Así es la vocación de escribir: tienes que hacerlo a toda costa, o encontrará la manera de salir de ti como sea.


ZORA NEALE HURSTON, recogido por Mason Currey en Rituales cotidianos: las artistas en acción, Turner Publicaciones, Madrid, 2019, traducción de Marta de Bru de Sala.

Dos poemas de "Dos puntos", de Wislawa Szymborska, traducidos por Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia


ABC

Ya nunca sabré
qué pensaba de mí A.
Si B. llegó a perdonarme de verdad.
Por qué C. aparentaba que no pasaba nada.
Qué papel jugó D. en el silencio de E.
Qué esperaba F., si es que esperaba.
Qué aparentaba G., a pesar de estar segura.
Qué quería ocultar H.
Qué quería añadir I.
Si el hecho de que yo estuviera a su lado
tuvo alguna importancia
para J. para K. y para el resto del alfabeto.



EL VIEJO CATEDRÁTICO

Le pregunté sobre aquellos tiempos
en que éramos tan jóvenes,
ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos.

Algo de eso ha quedado, excepto la juventud
—respondió.

Le pregunté si todavía sabe a ciencia cierta
lo que es bueno y lo que es malo para el hombre.

La más mortífera ilusión posible
—respondió.

Le pregunté por el futuro,
si lo sigue viendo claro.

He leído demasiados libros de historia
—respondió.

Le pregunté por la fotografía,
ésa en el marco, sobre el escritorio.

Fueron, pasaron. Mi hermano, mi primo, mi cuñada,
mi esposa, mi hijita sobre las rodillas de mi esposa,
el gato en los brazos de mi hijita,
y un cerezo en flor, y sobre el cerezo
un pájaro volador no identificado
—respondió.

Le pregunté si es a veces feliz.

Trabajo
—respondió.

Le pregunté por los amigos, si todavía tiene.

Algunos de mis antiguos ayudantes,
que también tienen antiguos ayudantes,
la señora Luzmila, que gobierna mi casa,
alguien muy cercano, pero en el extranjero,
dos señoras de la biblioteca, las dos sonrientes,
el pequeño Gregorio de enfrente y Marco Aurelio
—respondió.

Le pregunté por la salud y por su estado de ánimo.

Me prohíben el café, el vodka, los cigarros,
cargar recuerdos y objetos pesados.
Tengo que fingir que no lo oigo
—respondió.

Le pregunté por el jardín y el banco en el jardín.

Cuando la noche es serena observo el cielo.
No deja de asombrarme cuántos puntos de vista hay ahí
—respondió.


WISLAWA SZYMBORSKA, Dos puntos, Ediciones Igitur, Tarragona, 2011, traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano.

Jong sobre Morrison


Desearía que Toni Morrison, una escritora deslumbrante y un gran ser humano, hubiera ganado el premio Nobel solo por su excelencia a la hora de poner una palabra detrás de otra. Estoy encantada con su elección, pero sospecho que su premio no fue motivado únicamente por consideraciones artísticas. ¿Por qué el arte en sí mismo no puede ser suficiente? ¿Debemos usar también al artista como muestra de progresismo?


ERICA JONG, recogido por Hilton Als en el artículo Ghots in the house, New Yorker, 27 de octubre de 2003. Todo el artículo AQUÍ.

Borges elige “Donde su fuego nunca se apaga”, de May Sinclair, como el mejor cuento que ha leído nunca


Me piden el cuento más memorable de cuantos he leído. Pienso en “El escarabajo de oro” de Poe, en “Los expulsados de Poker-Flat”, de Bret Harte; en “El corazón de las tinieblas”, de Conrad; en “El Jardinero”, de Kipling –o en “La mejor historia del mundo”–; en “Bola de sebo”, de Maupassant; en “La pata de mono”, de Jacobs; en “El dios de los gongs”, de Chesterton. Pienso en el relato del ciego Abdula en “Las mil y una noches”, en O. Henry y en el infante don Juan Manuel, en otros nombres evidentes e ilustres. Elijo, sin embargo, en gracia de su poca notoriedad y de su valor indudable, el relato alucinatorio “Donde su fuego nunca se apaga”, de May Sinclair.

Recuérdese la pobreza de los infiernos que han elaborado los teólogos y que los poetas han repetido; léase después este cuento.


JORGE LUIS BORGES, respuesta publicada el 26 de julio de 1935 en la sección “El cuento, joya de la literatura, antología de El Hogar, hecha por escritores argentinos”, recogida en Miscelánea, DEBOLS!LLO, Random House Mondadori, Barcelona, 2011, pág. 1093.

Sontag sobre el "Diario" de Gide


10/9/48

[Escrito y fechado en la parte interior de la tapa del ejemplar de SS del segundo volumen del Diario de André Gide].

Terminé de leerlo a las 2.30 a.m. del mismo día que lo adquirí –

Debería haberlo leído mucho más despacio y tengo que releerlo muchas veces – ¡Gide y yo hemos alcanzado tal perfecta comunión intelectual que siento los mismos dolores de parto de cada idea que alumbra! Por lo tanto, no pienso: «Qué extraordinaria lucidez», sino: «¡Basta! ¡No puedo pensar tan deprisa! O más bien ¡no puedo crecer tan deprisa!».

Pues no solo estoy leyendo este libro, sino creándolo yo misma, y esta experiencia única y descomunal ha purgado mi mente de gran parte de la confusión y la esterilidad que la han atascado todos estos horribles meses –


SUSAN SONTAG, Renacida. Diarios tempranos 1947-1964, Mondadori, Barcelona, 2011, traducción de Aurelio Major.

miércoles, 10 de junio de 2020

Nina Berberova se entera con seis meses de retraso del suicidio de Marina Tsvetayeva


Febrero de 1942

Ha corrido la noticia de que Tsvetáieva se colgó el 11 de agosto, en Moscú. Nuestra palabra (¿o Palabra Nueva?) la publicó de manera estúpida y trivial. Recientemente, al releer un texto en prosa de Tsvetáieva, di con un pasaje en el que cuenta que alguien, al verla de espalda, la había confundido con Esenin. Ahora, es como si los viera a los dos, balanceándose del extremo de dos cuerdas iguales, él a la izquierda, ella a la derecha, con sus cabezas rubias, de cabellos de lino cortados rectos, presas de nudos corredizos, idénticos.

Dicen que Efrón ha sido fusilado. Su hijo, que es miembro del Partido, está seguramente en el frente. En tales condiciones, ¿cómo no ahorcarse cuando, además, la adorada Alemania bombardea tu querida Moscú, los viejos amigos, asustados, se apartan de ti, los periódicos te acosan y no hay nada que comer?


NINA BERBEROVA, Nina Berberova. El subrayado es mío, Circe, Barcelona, 1990, traducción de Ana María Moix, pág. 307.

Woolf sobre Mansfield


Los más distinguidos autores de relatos que hay en Inglaterra están de acuerdo, señala Murry, en que como autora de relatos Katherine Mansfield se halla hors concours. Nadie ha sido capaz de sucederla, y no hay crítico que haya sabido definir en qué consiste su inigualable calidad.


VIRGINIA WOOLF, Horas en una biblioteca, El Aleph Editores, Barcelona, 2005, traducción de Miguel Martínez-Lage, pág. 145.

Wislawa Szymborska recibe un aluvión de protestas por autorizar la publicación de un poema titulado "Vaca" en el semanario que dirigía


El redactor del Correo Literario tenía que permanecer anónimo para los autores que le enviaban epigramas, aforismos, dramas, relatos, novelas, sonetos y poemas. Hubo incluso amenazas, preguntas “¿Por qué no lo publicáis?” y “¿Por qué tipo de criterios se rige el redactor?” y afirmaciones de que a la novia, la mujer, el amigo sí que le había gustado. Szymborska contestaba de manera cordial, pero también con severidad. Explicaba que la obligación de la familia es alabar y animar (“sobre todo, a los primos ha de gustarles todo”). Recordaba que “más obras maestras nacieron gracias a amigos escépticos que entusiastas” y que “la muchacha capaz de espetar en la cara del adorado que compone rimas simplonas es un verdadero tesoro”.

Una vez, en la columna de debutantes, Szymborska publicó el poema titulado “Vaca”, lo que provocó un aluvión de protestas. En el Correo Literario contestó que por lo visto el poema “había afectado a la jerarquía estética de las emociones del lector. Según dicha jerarquía, en la poesía es propio un ruiseñor, adecuada una mariposa e idónea una doncella de tez blanca junto a un lago. Una vaca, en cambio, aun siendo obra de la misma naturaleza, una obra maestra que supera cualquier competencia, sólo se tolera en un libro de contabilidad de una cooperativa agraria con el título de “cabezas de ganado”. Qué retroceso del gusto frente a los antiguos griegos, que adoraban a Hera con el apodo de “ojos de vaca”.


ANNA BIKONT y JOANNA SZCZĘSNA, Trastos, recuerdos, Pre-Textos, Valencia, 2015, traducción de Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quirós, págs. 224 y 225.

Un poema de "Los versos de odio", de Dorothy Parker, traducido por Guillermo López Gallego y Cecilia Ross


HOMBRES
CANCIÓN DE ODIO

Odio a los Hombres;
me sacan de quicio.
I

Están los Pensadores Serios:
debería existir una ley contra ellos.
Ven la vida, como a través de gafas con montura de carey, de color oscuro.
Siempre los ves pasándose la mano cansada
por el pálido ceño.
Hablan sobre la Humanidad
como si acabaran de inventarla:
tienen que estar todo el tiempo ayudándola a seguir adelante.
Se deleitan con las huelgas
y eternamente están organizando peticiones.
Están haciendo una cosa maravillosa para el Gran Populacho:
están viviendo allá abajo entre ellos.
Apenas si pueden esperar
a que Las masas llegue a los quioscos,
y leen todas aquellas novelas rusas...
Los superventas del sexo.

II

Están los Trogloditas:
los Especímenes de la Virilidad de Sangre Roja.
Comen todo muy poco hecho,
no salen apenas de sus baños fríos,
y quieren que todos toquen sus músculos.
Hablan en voz muy alta,
usando palabras cortas y anglosajonas.
Van por allí abriendo ventanas,
y dan palmadas en la espalda de las personas,
y les dicen que lo que les hace falta es ejercicio.
Siempre están a punto de ir andando hasta San Francisco,
o de cruzar el océano en velero
o de atravesar Rusia en trineo...
¡Ruego a Dios que lo hagan!

III

Y luego están las Almas Sensibles
que se dedican al diseñor de interiores, por amor al Arte.
Siempre huelen ligeramente a vainilla
y echan gotas de sándalo a sus cigarrillos.
Constantemente se encuentran organizando bailes de disfraces
para poder ir
de algo sacado de Las mil y una noches.
Dan tés en sus estudios
donde la gente se sienta sobre cojines
y desea no haber asistido.
Miran a una mujer con languidez, con los ojos entrecerrados,
y le dicen, con tono suave y apasionado,
cómo se habría de vestir.
El color lo es todo para ellos... todo;
un tono de violeta incorrecto
les provoca una crisis nerviosa.

IV

Luego están los
que están Totalmente Inmersos En El Crimen.
Te cuentan que no han dormido
las últimas cuatro noches.
Frecuentan esas obras
en que las únicas frases buenas
son las del coro.
Van tambaleándose de un cabaret a otro,
y te dan cifras exactas de sus deudas de juego.
Aluden oscuramente al papel terrible
que el alcohol desempeña en su vida.
Y luego menean la cabeza
y dicen que corresponde al Cielo decidir qué va a ser de ellos...
¡Ojalá fuera yo el cielo!

Odio a los hombres;
me sacan de quicio.


DOROTHY PARKER, Los "versos de odio", Los poemas perdidos, Nórdica Libros, Madrid, 2013, traducción de Guillermo López Gallego y Cecilia Ross, págs. 298-303.

Louisa May Alcott, que odiaba a las niñas, escribe "Mujercitas" por encargo de su editor


En un viaje a Boston intentó vender algunos de sus primeros relatos. "Siga dedicándose a la enseñanza: no sabe escribir", le dijo el eminente librero James Fields cuando le entregó un manuscrito. Imperturbable, siguió adquiriendo oficio. Con el tiempo, la escritura se convirtió en la principal fuente de ingresos de su familia. Se forró componiendo apasionadas y fogosas novelas con seudónimos como A. M. Barnard, Aunt Weedy, Flora Fairfield, Orantly Bluggage o Minerva Moody. De hecho, su verdadero nombre no habría pasado a la historia si en 1868 su editor no le hubiera pedido que escribiera una historia para jovencitas. Sólo había un problema: detestaba a los niños. En su diario anotó lo siguiente: "Esto no me gusta nada. Nunca me han gustado las niñas. Tampoco he conocido a muchas, salvo a mis hermanas. Y tal vez nuestros extraños juegos y vivencias resulten interesantes, pero no estoy segura". Más adelante desdeñaría su obra de juventud al decir que era pura "papilla moral para críos".

Escribió Mujercitas en sólo tres meses. Cosechó un éxito inmediato y se convirtió en una celebridad literaria. Aun así, seguía siendo una soltera inquietantemente dependiente de su familia, pese a que ahora ésta no padecía penurias. Era también una metomentodo; encabezó la campaña para prohibir Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain, en Massachusetts. Este tipo de demagogia hizo que el historiador literario Odell Shepherd dijera que había conservado hasta los cincuenta y seis años ideas propias de las chicas de quince.


ROBERT SCHNAKENBERG, Vidas secretas de grandes escritores, Editorial Océano, Barcelona, 2012, traducción de Francisco López Martín, págs. 94 y 95.

Bloom sobre Dickinson


Deduzco que es mejor conocer nuestros propios límites si vamos a leer a esta formidable mujer y si vamos a tratar de entender su genio. ¿Qué otros escritores estadounidenses son tan eminentes? Yo diría que sólo tres: Emerson, Whitman y Henry James. Hay otros que se acercan bastante: Hawthorne, Melville, Mark Twain, Frost, Faulkner, Stevens, Eliot, Hart Crane. Ante la pregunta de la isla desierta y si sólo pudiese llevar a un estadounidense tendría que responder que Whitman, pero Emerson y Dickinson serían más que suficientes. Nadie debe ser tan tonto como para ser condescendiente con Dickinson o para ponerla a militar en las filas de una ideología o de un credo cualquiera. Hazlitt tenía razón cuando dijo que con Wordsworth uno se sentía empezando de cero, con una tabula rasa de poesía. Esto no es tan cierto en el caso de Dickinson, pero no está muy lejos. Y en lo que se refiere a su originalidad cognitiva supera a todos los poetas occidentales excepto a Shakespeare y a Blake. Piensa con más lucidez y siente con más plenitud que cualquiera de sus lectores y es muy consciente de su superioridad.


HAROLD BLOOM, Genios, Anagrama, Barcelona, 2005, traducción de Margarita Valencia Vargas, pág. 436.